sábado, 8 de agosto de 2009

Yonqui



Solía pincharme cada 30 minutos o cuando el mono me prepaga por la columna. Luego de ese acto me amor me tire en el piso y sentí fluidos irregulares pasando por la vena muerta del brazo. Era tanta la desesperación que podía tocarme la carne con mis dedos.
Mi cara recaía como una colisión entre planetas. Se derretía como lava cayendo hacia la boca negra y con llagar rosadas de Jesucristo.
Los brazos se deformaban en mutaciones raras y perversas. Mi suspiros se aceleraban, una gota caía en mis labios azules.
Destinas especies aparecían en mis brazos, una figura negra y repulsiva iba tomando forma.
Cabeza negra con dos ojo rojos como rubíes, un cuerpo duro y con pequeños pelos marrones, millones de patas peludas, una boca con dientes rabiosos.
Lengua pervertida trascurriendo saliva negra con un hedor enfermizo. Eran dos largos ciempiés.
Me vi prisionero de fantasmas volando por cada rincón de mi habitación esperando que alguno de nosotros cayera,
buitres revoloteaban bajo el sol radiante y ruidoso, buscando carne viva y letárgica.
Solitario como cucarachas en bolsas de basura comiendo mierda como algunos especies con pantalones.
Veía como se llenaba de agujeros oscuros tragándose todo lo que quedaba en mi alrededor.
Los bichos que tenían como brazos empezaron a reaccionar devorándose uno al otro.
El bicho izquierdo tenia mas audacia, era mas sanguinario y violento,
la derecha cae destripada goteando un liquido parecido al pus.
Trato de tomarlo como una reacción alérgica, pero...
-Acá sobrevive el mas fuerte- Me dijo mi brazo izquierda.
Un pequeño momento de lucidez reacciona, ya era tarde y tenia que encontrarme
con Lucy en algún antro para discutir algunos asuntos.
-Estarás mejor conmigo- me dijo el ciempiés. Miro hacia una jeringa que estaba en la mesa.
-Viólame-. me dijo con voz impiadosa.
Queme el eucodal, lo llene en la jeringa, introduje la aguja en un orificio del espectro y saque una pequeña línea negra
y me lo inyecte. Ya era instintivo, los movimientos eran voluntarios.
Con vos baja y muerta le pregunte:
-¿Quién sos?
-Podría llamarse...tu alma...por lo visto no me creerás-.
-La puta madre, no estoy para hablar con "mi alma"-. Esta confusión me esta matando.
Me prendí un cigarro y le dije:
-Me tengo que ir-.
-Acompáñame y te dejare solo- Repetía, dejando un manto de eco surrealista.
Agarre un pulóver, empezaba a moverse, como tratando de respirar, el frío siempre complica las cosas.
Intente ponerlo, la tela picaba, me dejaba pinchazos como la de una abeja. Todo se volvió oscuro.
Mi mano derecha, toda destripada, colgaba del orificio del pulóver donde debería ir la cabeza. MI brazo
izquierdo quedo libre y mi cabeza en la manga izquierda. Todo es desesperación. Escuchaba los insignificantes
ruidos de las ratas en mis pies.
-Es ahora donde podrás pensar-. Me dijo el insecto.
No hice nada...¿Habrá colores, personas, universo o solo materia gelatinosa y jugosa en nuestras cabezas?
¿Pequeños mundos jalando una realidad repulsiva y deprimente. Se reflejara un mundo perfecto en la mierda donde vivimos o solo un conjunto de singularidades?
No dije nada mas, no porque no sabia de decir sino que mi lengua se paralizo. Mis dientes se tornaron muros
de concreto reteniendo cualquier palabras posibles.
Todo era desagradable. Mi mano izquierda sacaba unos tentáculos y empezaba a succionar mis fluidos del cuerpo, mientras
habla de inmensurables relaciones entre un ciempiés y un fantasma. En la oscuridad de mis ojos, imágenes vacías colgaban
en árboles de naranjas. Bordeado por fetos bailando a su alrededor. Unos ojos me miraban a través del reflejo de mi mirada.
un ente oscuro y escamoso susurraba en mis espalda con ansias de desatar algún siniestro en el medio del océano.
Verde, brilloso y fresco. palmeras por acá, jeringas por allá. Peces pescando humanos en la playa honda. Ratas jugando al voley, Yonquies devorando los sueños. Bajo el cielo topado por millones cucarachas volando. Dos niñas construyendo
un castillo de arena, arena muy fina y perfectamente húmeda, sonriendo y dilatando la brisa de la playa. Un monte de agua
se arrimo por el alba destruyendo estrellas y noches. El castillo paso a ser arena mojada y espuma, las niñas deformaron
en masas de carne bailando y saltando con los peces. No faltaba mucho para que llegara a mis ojos. Como una
gran empresa destruyendo todo. Sentí el ciempiés estirándose y convulsionando, me dijo:
-¿Estas listo?-
Fluidos celestes destrozaban mi cuerpo, reaccione con cerrar los ojos.
Asome la mirada hacia el abismo y una voz dulce y peculiar se aproxima en mi mente:
-Llegas media hora tarde-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario