
¿Qué esperar de las cenizas en la muñeca de tu antebrazo, grises, extintas?
Los pequeños arroyos atravesando todo el parque por un camino oxidado de vidrio, tan cristalinos como la piedra mas pura. Donde mi rodilla izquierda cae un día de verano, corría detrás de una persona, y este mismo corría detras de otra persona. Sobre un zapatito rojo de un nene encerrado en una bolsa negra con pilas quemadas.
Entre los rifles clavados en la infértil tierra con una hermosa flor naranja en la punta del arma, sobre el olimpo, creciendo en cada suspiro de Ella esperando al frente del estanque con patos flotando en aguas marrones y brillosa. Mi pierna sangraba en una río de sangre, desembocando en el pasto. Unas manos huesudas me aproxima hacia un bar, adelante de la puerta. Un hombre que salía del bar me grita:
-Cuidado con la perra, ¿ese perro viene con vos?-.
-No-. Respondí, mirando a la perra entre la puerta y la pared extrañamente pintado en tonos vivos. Entre al bar, había demasiada personas, me acerque a la barra, una voz me irrumpe la mirada: "Un tinto vendría bien, traje algunos pesos". "No hay problema"
me acuerdo de asistí. Tiene un aspecto raro en la cara, borrosa o algo parecido, se aburrieron de mirarlo. Una mujer gorda se me acerca desde la otra punta infinita de la barra, tenia puesto un traje de enfermera, un gran mantel blanco con salpicadura de sangre. Desde el cuello hasta las puntas de los tobillos.
-¿Que vas a pedir?-.
-Déme el vino de 35 pesos y dos vasos.
Mire hacia el alrededor, en cada cabeza de las persona había arroyos de cristales, destruyendo sus maltratados rostros. Nos fuimos a sentar en las sillas bajas, al lado del patio. En el escenario de madera, parecía un espectáculo, pero nadie hacia nada. Eran dos hombres, uno con la boca cosida con hilo blanco y con un muñeco de madera en su rodilla izquierda y el otro hombre tocando una flauta de piedra, que reproducía los mas íntimos sonidos del océano. Se ahoga en cada suspiro. El muñeco era algo dócil, incluso inteligente. Poseía un rostro fantasmal, la nariz caía en toda su boca, el lado derecho colgaba como una ladera con basura. Expulsando cadenas de hierro sobre el cuello de la mama y de su bebe que paseaban sin darse cuenta por aquel camino. Tenia el orificio del ojo derecho vacío. Las personas hablaban con rapidez, moviéndose en espasmos. El muñeco empieza a largar algunos sonidos con lentitud. Su lengua se entierra en su húmeda palabra con lentitud.
Los sonidos de la flauta llegaban a su mayor brillo, los espasmos de las personas aceleraban, parecía que terminarían rompiendo la cabeza contra el piso, pero de sus bocas salían pequeñas charlas con voz apagada. El muñeco murmura: "No le digan a nadie que estamos así". Desde lo profundo del oído escuche el tal río de sangre que goteaba desde mi rodilla, tenia la copa en mis dedos. Hundí en mi paladar aquel lugar con todos sus personajes y vicios de la pálida luna con la sangre del propio Jesucristo que contenía la copa desde la punta de mis dedos en el río de brillantes cristales. Ya tenia varias cicatrices en la pierna, en el brazo y en la cabeza que me importo muy poco, seguí caminando por el pasto, donde los pobres viejos leen sus pobres vidas en aquel diario podrido por el tiempo, disculpen, viaje durante todo la noche y la carretera seguía creando abismos de arena y polvo. La vi de lejos, vi sus ojos, como en una noche reflejada por la deslumbrante sol de las velas. Sin duda todo ese panorama se disolvió, hundiéndose en el adentro, en mi húmeda boca, escuchando cada suspiro de Ella esperando al frente del estanque con patos flotando en aguas marrones y brillosa.
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