
Si ves, desde lo profundo de tu cama,
un caracol posarse en tu oído, ignóralo
mira tus pies, enredarse con tus rizos oscuros
mira tus dedos que tratan de escaparse hacia el sol
mira tus ojos, a través del espejo del baño, y sentirás que te mienten
mira el contorno de tu cuerpo, miralo si puedes, porque las sabanas blancas te están devorando.
Si escuchas al caracol murmurar, cállalo, y sentirás que el mundo se colocarà adelante de tu sombra
mira tus dientes, saboreando la naranja que rodó hasta tus tobillos, saborea hasta que tu boca se dilate, hasta que vomites pequeños tesoros desde lo profundo del paladar.
Si el caracol te babea desde su alma, ignóralo y desaparecerá, se deslizará,
si por alguna razón el caracol te empieza a escuchar, dile tus secretos, tus miedos, tus vicios, dile que subirás por las rocas del mar y que te sentarás, con una botella de vino, a mirar las estrellas hasta extinguirse y volverás a mirar el sol, que te espera cada mañana.
El caracol no te dirá nada, no tiene tiempo para hablar, ni caminar, ni correr, ni descansar,
si todavía el caracol sigue en tu oreja, ignóralo,
y si sigue estando ahí, solo será una sombra que opaca la luz de tus ojos.
de nada joven acomodaticio
ResponderEliminarno te vi en las jornadas que se hicieron en tu escuela... jajaja
Muy lindo relato, me recuerda a alguien cercano a mí..
ResponderEliminarNos vemos, percance con patas :)