Lo sé, estoy tan seguro como una araña espera su presa, que dentro de ese cajón hay algo. Algo en lo que pueda usar para ayudarme. Allá lejos donde los muertos carecen, me hará volver a la lucidez. Una linterna en tanta penumbra. Por la ventana el crepúsculo del atardecer se eleva sobre el horizonte, que de algún modo, siempre esta ahí, en un mismo lugar, tal a la araña esperando su presa.
Ya no recuerdo la ultima vez que pestañee, ni cuanto tiempo hace que me di cuenta en buscar aquel cajón, ¿habrá pasado días?... ¿meses?... ¿o tal vez años?, me sentía entupidamente enfermo frente a la respuesta de una pregunta que olvide. Acá el viento es oscuro y fuerte. Un día desperté con miedo que casi exploto en cartas viejas quemándose sobre el invierno. En mi eterna noche de los mil años, desperté con dos grandes y hermosos alas de mariposa, al lado de cajón una flor de un color pálido, igual al del humo, esperando a que mis ninfas succionen esa miel que duerme en el seno de la Pacha. Recordé, presiento que en algún modo deje de vivir en el recuerdo, recordé la diminuta vida de la mariposa, solo inunda de su belleza al mundo un día. Disfruto el día, pero también temo, en todos esos segundos el devenir se apodera. El viento ahí es oscuro y fuerte, no quiero alejarme de este cajón. No tuve otra opción, realmente las busque por todos lados pero un viento furioso me alejaría sin duda de este cajón. Así que, con mis manos arranque las grandes y hermosas alas de mariposa de mi espalda, la sangre empezó a correr en la habitación, la sangre es simplemente sangre, con el fin de inundar la habitación, decidí olvidarme de ella, que mas que sangre. No, No, tres veces No. Hasta la herida mas profunda sana, solo hay que estar agarrado de algo que te mantenga en donde quieres estar mientras la cuidad se derrita. Los pedazos de la alas se las llevo el viento, que ahí dentro es oscuro y fuerte. Espero en abrir el cajón, todavía no se en que momento abrirlo, tal vez cuando las flores que nunca regué se pudran en algún día de diciembre, tal vez cuando las montañas de sal caigan al mar y un sonido tan bello jamás oído emerja de sus profundidades.
Un grito de angustia me llama, lejos de acá, fuera de mi, no podía alejarme del cajón, le grite tan fuerte que mis oídos no me escucharon, pero igualmente mis palabras bailan, "Perdón al quien me suplica desde lejos, escucho tu grito angustioso, espera a que abra este cajón, sé que hay algo que me ayude, luego te ayudaré a ti a cruzar del otro lado, a la otra imagen rellena de colores, espera, tan solo espera como yo espero al abrir este cajón. Escucho tu grito de angustia y te suplico que esperes y ama, ama a los que están lejos que te llenan con sus vacíos, de sus mares calmos y de cielo estrellados...oh! tan solo espera."
Allá el grito angustioso espera, tan paciente como yo, una leve luz de esperanza. No es preferible llegar a tiempo y solo, sino llegar acompañado y luego brillar bajo el sol mientras que las sombras de las personas se presionan en un lumbral, un fantasma deforme y oxidado por la melancolía.
A veces los chacales aparecen como en los sueños, buscan carne en descomposición, acá hay muchos muertos, pero se como ahuyentarlos, se como moverme en el mundo que estoy creando, tan solo ellos corren, saben que yo también los estoy buscando y se intimidan, no saben si reír o silbar, pero yo se cuando hablar o reír, se cuando inundar de relámpagos mudo su furiosa rabia y tan solo corren ahuyentados. Nadie podrá alejarme de mi pequeño tesoro, y se que en algún momento mi corazón me dirá cuando abrirlo y una luz saldrá de ahí haciendo brillar lo profundo de mis ojos.
Hace no mucho tiempo, recuerdo despertar una mañana de lluvia con una tristeza oscura, cadavérica, sobre un pequeño barco en una tempestad de enormes olas negras carcomiendo el cielo, parte del corazón y del brazo derecho. Las enormes gotas saltaban y se sumergían en mis venas y ojos, en ese punto las lagrimas empezaron a fluir y nuevamente la sangre, le dije a ese mar turbulento y peligroso, le hable así,
"Si quieres llévate todas mis lagrimas y mi sangre, ya no derramaré mas gotas de mi ser, mientras caminaba moribundo tal como camina un camello en el desierto, pude ver aquel oasis, consideré mi verdad entre tanta mentira y supe al fin que, el quien no miente no conoce su verdad, ya no pretendo oler tus olas que se elevan sobre mi barco, ni las nubes sobre mis dedos. Oye mar turbulento ¿no has visto tus olas cuando el sol empieza a caer?".
El sol que cae por la ventana salpica en mis ojos, es un sol calido y brilloso pero no me toca, parece que todo llega antes que el sol, mientras los gatos espían por la ventana rota. Como en todas las otras noches despertaba pensando en las nubes oscuras que se acercaban para llover, pero hoy me despierto con mi mente en blanco y mis ojos estallando en cartas otoñales, esferas levitan como lunas sobre los soles, me acerco al cajón. La madera no se distingue del musgo que sale del suelo, mis manos lamentan el paso del tiempo, lejano fue sus raíces al suelo, se secaron un poco y perdieron interés en ser útiles. Frente del cajón derivo en recuerdos, ¿ya dije que deje de vivir en el recuerdo?, recuerdo ese eterno día donde creí, tan solo creí, en al fin hundirme sin preocupación en mi mar, en mis profundidades, pero todo rebalso y tuve que nadar hacia arriba ¿arriba? hacia la superficie y luego subir mas allá de la superficie donde grandes animales marinos me dañaron y otros me ayudaron, sabían que tenia que buscar, todos ya lo sabían ¿estuve un poco mas ciego? todavía no me despabile, estoy todavía emergiendo de un sueño estático a la realidad, que tal si la realidad esta lejos y tan solo se llena de nada con nosotros ¿quien no disfrutó de la nada? ¿Quien no estuvo contento mientras te recordad muerto? y las trompetas hacen sonar las ultimas sonatas de baile, toda esa nada creo este momento, sobre un manto de verde océano, de nada emergió, desde lo mas lejano este cajón frente mió, deje de recordar. ¿Por que ahora me pongo a recordar todas estas cosas?, me despoje de todas mis miserias y apoye mis manos en el cajón, lo abrí con delicadeza.
De su profundidad emergieron todas clases de insectos, rascaban el cajón produciendo el mismo sonido de la carne despegándose del hueso, el terror se apodera, no se que hacer, así que me echo para atrás lentamente, hacia un lugar libre de insectos. El ruido es aterrador, cucarachas, escarabajos, arañas, ¿arañas? acaso yo no era la amable araña, paciente, esperando alguna presa. El viento oscuro y fuerte hizo volar a los insectos en mis pantalones, ya habían devorado mis zapatos y no faltaba mucho para que acabasen con mis pies, entonces desesperé y eche a correr en la penumbra sobre el suelo infectado de insectos. En mi corrida tropecé con algo y caí desplomado al suelo, mis ojos se nublaron y mi mente ya no estaba con esa claridad con la que me había despertado, abrí los ojos, un gran espejo reflejaba mi cuerpo vencido por el terror, oí el grito de angustia proveniente de mi boca en el imperfecto reflejo del espejo ¿era yo el quien gritaba de lejos?...¿soy yo el quien me pedía una mano para levantarme del suelo hundido en tal terror que mis ojos se cegaron?...¿era yo quien sabia que lejos de mi había alguien pidiendo a gritos ayuda para levantarse entre los insectos?...quizás fue el terror que siento el que me hizo estrellarme con mi grito de angustia, es ahí en esta rotura en donde mis ojos cansados me ve de lejos, el sendero de un camino iluminado por las constantes estrellas que explotan, no supe ver mas allá de la penumbra, ¿el cajón? ¿Acaso el cajón siempre estuvo ahí y fui yo quien tropezó con el...o fui yo quien lo busco insaciablemente? Otros tropezaron o lo buscaron, pero nunca esperaron como yo y nunca supieron el momento en donde el cajón debe de abrirse. Ahora esos seres están abrazando la oscuridad, esa penumbra del día que nunca es día y la noche reina en su cólera infectando de pasadillas y de amores enfermizos. Pero yo no, ¿quien es el idiota que riega las flores muertas en plena oscuridad? ¿Quien el insensato que aprendió a reír copiándose fríamente de sus dientes podridos? o tal vez algunos rieron pero nunca supieron reír de noche, mientras la noche llora odiosa, escarlatina sobre ellos, esperando que aquellos débiles seres se cansasen de sus ojos y de algún modo quitarlos de su cráneo como sirviendo un copo de helado.
El espejo parecía no terminar nunca, del cajón seguían saliendo millones de insectos, si ya no hay caminos ¿por que no crear uno?, en mi eterna corrida, mis pasos engañaron a mi mente, tan solo había dado dos pasos mas allá del cajón, agarre el cajón con mis manos, el grito de angustia es mas pestilente que las otras veces, ya casi sin voz, arroje el cajón con la mayor fuerza con las que daba mis brazos. El cajón impacto directamente con mi reflejo. El grito de angustia, mi reflejo en llamas habían caído en millones de esquirlas sobre el suelo. El sol no ilumina, seguía cayendo sobre la ventana, los pequeños cristales hacían relucir más la habitación. Algunos insectos seguían arrastrándose por el suelo, pero ya no sobre mi, suspire un gran bocanada de aire. Algo aburrido por las largas noches junto al cajón, decidí salir o entrar en otro sitio, no lo tenia tan seguro, pero no me importa en este momento. Salte por la ventana y salí, acá el sol si cae con intensidad, pude aprender su significado que no eran más que rayos dorados que da el sol. Esas eternas noches no fueron en vano, tampoco fue en vano esperar ni fue en vano abrir el cajón. El terror y el amor de buscar otro lugar me hizo correr y encontrar ese grito de angustia y liberarlo de tal sufrimiento. Nada fue en vano.
Ahora estoy en otro lugar, no hay mucho sol ni mucha penumbra. Acá los muertos carecen y realmente pude salir de ahí, de ese horrendo lugar que me mantenía anestesiado con toda esa oscuridad, atado al cuello como piedras en el mar.
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