lunes, 17 de mayo de 2010

Adiós

Tengo una flor de grandes espinas
que sobresale del corazón, ya echo raíces
por todo el cuerpo. Le basta con solo mis
lagrimas para permanecer viva y algunos
rayos de sol, cuando me digno a salir de
la oscuridad.
Es resistente y sus espinas no me han tocado
con tanta furia.
A veces, cuando el invierno la trata mal,
suelta algunos pétalos, se secan y se impregna
en mis manos. Yo le digo, "No te marchites"
lloro un rato y dejo caer mis lagrimas es sus raíces.
Cada día envejezco mas, pero la flor sigue esplendida.
Solo necesita de lagrimas y pequeños rayos de sol.
No se preocupa si lloro de felicidad o de tristeza,
yo tampoco.
No la dejo que nadie la vea, es maravilloso saber que
solo la veo yo.
Cuando duermo, la flor canta algunas sinfonías.
Ayer empezó a marchitarse, lloré y lloré, pero no deja de
enmudecerse. Murmura, "Perdón, pero tu corazón ya
no me necesita", supe comprender de sus hermosas palabras.
La tome del tallo, sus espinas penetraron en la palma
de la mano. La arranque con delicadeza. La plante en una
maseta con tierra húmeda. Algunas gotas de sangre traslucieron
en sus pétalos rojizos, y la deje inmersa en el océano del sol
que cae desde el cielo. Quedo inmóvil, bella.
"Adiós", le dije y quedo cantando con el viento, igual
que un candelabro de cristal.
"Adiós", dijo la flor.
Todo el mundo la ve desde entonces,
y me enorgullece que por algún momento necesito
estar dentro de mi corazón.

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