Un gran hombre irrumpe en mi casa, no posee cara ni tampoco un corazon que late,
posee un arma de cañon corto, lo miro y echo a correr pór toda la casa. No puedo pensar en una escapatoria transitoria, asi que me tiro debajo de la cama. No habia un colchon y la madera trasparente mi espalda, lo veo desde abajo y me apunta con su arma. Empiezo a llorar, pero el hombre carece de cara, no me ve, ni siente lo que trato de expresar. Dispara...las balas caen en mi espalda como grandes lienzos de hielo. Tan frio como la melancolia que crece cada mañana sin dormir, y despierto sin saber que habia dormido siquiera. Y me alegro que solo fuera un sueño, pero la melancolia sigue en mi cuerpo, tan frio como los lienzos de hielo que traspasaron mi espalda hasta penetrar algo de mi corazon.
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