Mi madre me decía, "¿Cuidado con el picaporte, no ves que te podes cortar, Fabio!"
yo miraba el picaporte del placard, me asechaba, no tenía ojos, pero sabía que me miraba, sabía que esperaba a que me acercase y lo agarrase. Solo para asegurarse que tenía que hacerle caso a mi madre. Me cortaría y saldría corriendo por un poco de azúcar para parar la hemorragia. Tenia un cordón atado en donde empezaba el picaporte de metal oxido, hasta los 5 años nunca abrí el placard. Estaba solo la pieza, era un lunes, había faltado al Jardín por que volaba en fiebre. Mi madre forjaba esperanza en el hospital cuidando a mi hermano menor. Natalia, mi hermana, miraba la tele en el comedor, se pintaba todas las uñas de la mano de negro, al finalizar se miraba como le quedaba y luego se lo sacaba, luego volvía a pintarse pero ahora de violeta. Ya había bajado la fiebre, me sentía con mucha fuerza.
Fui al comedor y le pedí a mi hermana algo de comer, me preguntó si quería una manzana, en un fondo no quería una manzana, pero no podía decirle que no a los hermosos ojos marrones. Salio hacia la cocina y yo me pare en la puerta de mi habitación (que como siempre compartí con mis hermanos), salio con una gran manzana verde. "Mejor que la comas toda", sonrió y se fue de nuevo al comedor. "Gracias" le grite a la espalda. Me fui a la pieza a recostar, mi cama daba a la puerta, miraba por el vidrio las nubes que corrían con lentitud por el cielo. Me pasaba horas mirándolas. Volví la mirada hacia el placar, los ojos ausentes del picaporte me miraban, eran algo extraordinario, me susurraba, llamándome. Había un agujero en mi manzana, parecía haber algo dentro de la arenilla acida, mire, un gusano grisáceo asoma la cabeza en el pequeño agujero. Solté la manzana con asco, cayo al suelo y rodó hacia las profundidades del suelo. El picaporte se empezó a partir de la risa, tenía los ojos inundados de lágrimas, me sentía avergonzado. Salí de la cama y me de dirigí directamente al picaporte, lo agarre con toda mis fuerzas y abrí la puerta. Ropa, pantalones, camperas y algunas remeras. Al cerrar la puerta un hilo de sangre recorre los cajones del placar. Era algo anormal, pero no estaba asustado o alterado, veía las gotitas caer al suelo de madera. Salí caminando hacia la cocina y busque azúcar, la unte en la herida, la sangre salía por los pequeños copos de azúcar. Se volvían bolas de azúcar enrojecidas y caían en la canilla. Me puse un poco mas de azúcar y luego la limpie con bastante agua, dejo de sangrar, pero la herida seguía latiendo, hasta apagarse por completo. En el dedo índice quedo una línea más blanca que la palma y nada más. No era gran cosa. Fui hacia el comedor, mi hermana ya se había pintado las uñas de violeta, ahora tomaba algo de jugo. "Naty, se me cayo la manzana al suelo y se lleno de bichos", le dije con cara de tonto. "Otra vez lo mismo, bueno anda a dormir un poco". Me di vuelta y fui hacia la pieza. El picaporte yacía muerto, entre a la cama, miré un poco las nubes a través de la ventana y me quede dormido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario