Otra vez, Joaquín, perdió su mirada en el río, que atraviesa el denso y frívolo bosque, através de la ventana de su habitación. Quizás nunca averigüe porque llega a ese transe, mutuo, con el río y su recorrido con el bosque. Arriba de la mesa, el cenicero se ahoga en miles de cigarros y mariposas apagadas. Se la pasaba horas leyendo decenas de cartas, (y otras decenas que ya había leído anteriormente) de su amigo German. Joaquín le mandaba diariamente, aunque German no se dedicaba diariamente a mandarles dichas cartas. Es un cuarto oscuro, siempre mantenía las ventanas cerradas, la luz del día era suficiente para ver cada palabra en las hojas. Se mantenía erguido en la silla, con la lapicera roja entre los dedos de la mano derecha. Se encorvo para seguir escribiendo. A veces las cartas eran larguísimas, otras era tan cortas que empezaba a dibujar en el sobrante del papel blanco. Ya casi terminaba, es una carta bastante amplia, que sintió el peso de cada palabra en sus manos, era común, pero igual se sorprendía.
"PD: Ya sabes, cuando termines de leerla, puede quemarla en la chimenea y usarla para el fuego, conozco vivir así y con tales condiciones temporales"
Siempre al terminar una carta dejaba ese mensaje, un recordatorio, no mas. Firmo la carta y la introdujo en un sobre, luego cuidadosamente se la guardo en su cabeza. Se levanto, quiso salir hacia afuera.
-Se te puede arruinar en la cabeza- exclamo un viejo que yacía en unas de las esquina próximo a la puerta.
-¿Quien mierda sos?- dijo Joaquín, nervioso
-Aunque no lo creas, soy tu conciencia.
-¿Es una especie de alucinación?
-Nada de eso, solo soy una común y corriente conciencia de un chico que se encierra a su cuarto y envía diariamente cartas a su amigo-
-Claro...¿Y que tiene que me guarde la carta en la cabeza?
-Te lo digo yo que soy tu conciencia. Quien sabrá que se esconde ahí-
-Viniendo de vos, nada bueno
-¿Quien dice que es malo?
Sintió que estaba soñando, pero era muy real. No había nada surreal, y las acciones son correctas en el espacio-tiempo. No era sus sueños recurrentes, lo descarto por completo, se quedo perplejo.
-Dejas esas estupideces, le estas escribiendo un brote psicótico a tu amigo, por eso es malo tener bolsillos en la cabeza. Todo se traspasa- dijo el viejo, riéndose enmesuradamente en la oscuridad de la esquina.
-Es una persona considerada, no le importará, la quemara y por medio del denso humo percibirá cada sensación en este instante- exclamo el muchacho.
El viejo se hamaca en la silla, produciendo el chillido de la madera vieja, Joaquín quedo inmerso en aquel sonido, no escucharía otra vez esos disparos hacia el espejismo del techo.
-¿A quien amo?- pregunto Joaquín. El viejo echo a reír
-No me vengas con juegos, nos conocemos bien, no me hagas sonrojar- respondió el viejo. Joaquín también echo a reír, pero por gentileza, nada mas. Todavía esta nervioso.
-¿Porque tenes ese aspecto?- pregunto Joaquín
-Yo soy vos, vos soy yo. Me creaste así, me crees así y me ves así
-¿No te puedo cambiar de imagen?
-Ya soy muy viejo para cambiar, y además no funciona así.
Joaquín saco la carta de su cabeza y la hundió en el bolsillo del pantalón.
-¿Porque haces eso?- grito Joaquín
-No le mandes estupideces a tu amigo- dijo el viejo
"¿Hablar con mi conciencia es una estupidez?" pensó Joaquín. Es raro, la conciencia dificilmente deja pasar tales pensamiento, uno fue esta.
-Tienes que abrir la ventana, un poco de aire fresco te vendría bien. ¿No ves? ya estas delirando- murmuro el viejo.
Seguía produciendo ese chillido sonido, entre la penumbra de la habitación. Joaquín se lo quedo mirando, parece sostener algo entre las manos, la sombra de su cuerpo se lo impedía ver. De vez en cuando, el viejo, soltaba una risa estrepitosa. Joaquín busco la perilla de la puerta, salio al pasillo. Al cerrar la puerta vio de nuevo la figura del viejo entre la oscuridad y el humo de la habitación. Cerro la puerta, saco la carta del pantalón y la guardo de nuevo en la cabeza, através de la nuca. Miro hacia el espejismo del cielo cortado por los balcones sucios que se elevaban ante sus ojos y pensó: "Nunca voy a poder sacar ese viejo de la habitación".
una guerra mental
ResponderEliminarToca el piano borracho como un instrumento de percusion hasta que los dedos te empiecen a sangrar un poco..
consejos para ser un gran escritor*