La veo entre la oscuridad de mis pestañas
Arropando mis míseras, su cara enrojecida
de ternura, de sus ojos semi ciegos cae una
lagrima y me besa la mejilla
“ando algo mal”, si madre, algo anda mal
Mi cara se torna borrosa, de ya no
mirarme al espejo, “no te preocupe hijo,
yo te amo”, gracias madre, pero me
ha tocado marcharme, necesito una
vida nueva.
La madre se moja la cara con
el agua que gotea de la canilla
y sale, agarra el cántaro de flores
violetas y las riega, tan marchitas,
porque yo nunca las regué.
No hay comentarios:
Publicar un comentario