martes, 11 de agosto de 2009

Alimento de un hombre solitario



Estaba temblando,
los ojos cristalizaron en lagrimas,
su antebrazo sangraba.
Borro algunas palabras de su mente,
las únicas que permanecían en su cabeza.
Se sentó en el frío e oscuro mármol del del piso del baño,
la sangre corría de su brazo,
una marca morada latía frenéticamente,
arriba de las tres líneas ardientes.
Pensó, no había nada que pensar.
Cerro sus ojos,
se mantuvo abrazado a sus rodillas,
lo escucho nombrar anteriormente como un insignificante insecto
comparado con la infinidad del universo.
Soltó el cigarrillo, sus dedos ya no resistieron.
Las personas no piensan porque él trata de escapar de ellas.
No,
en realidad no hay escape.
Lloro un rato,
vomito en el inodoro,
también de sus boca caían lagrimas.
Lagrimas que no podrán inundar el pequeño hueco de su cerebro,
que nunca podrá cicatrizar,
tampoco un millón de palabras en ranuras de puertas oxidadas,
o bolsas con niños pudriéndose por el frío viento de las mañanas.
Pero aquel hueco,
en el cerebro,
es mas audaz e inteligente que el propio Ser de cada uno,
aquellas estupideces son importantes para sentirse presente
en un mundo que se destruye cada segundo
(hoy el mundo no esta peor que ayer)
¿Quien puede hablar de sentimientos si nunca los tubo?
pero algún día los tendrá,
pero hoy es ausencia.
Quien podrá decirles cuantas botellas ha roto,
si no pudo escuchar aquellos suaves vidrios estrellarse con el papel
de las calles malgastadas de la cuidad.
Lo único que le queda es plantar jazmines bajo la suave brisa de invierno,
porque las lagrimas son fruto de vida,
de pureza magnifica.
Ya que lo único que pudo juntar en aquel bosque
fueron semillas de dichas flores.
Que crecerán en algún futuro pero no sabe que pasará ya que la vida,
al fin y al cabo,
es el instante que registramos cada segundo con nuestros pálidos ojos,
aquellos ojos cristalizados por la lagrimas,
que ayudaran para que nazcan los maravillosos jazmines,
tan bellas jamás visto,
en la profundidad de su vacío.

domingo, 9 de agosto de 2009

Un pájaro sobre el faro

¿Qué es un hombre sentado al lado de una mujer?
percance

¿Qué es un hombre besando a una mujer?
percance

Ella lo miro,
él miraba hacia la cegadora línea de luz,
entre aquellos árboles, que tapaba su cara

Ella le pregunto:
¿Sabes dónde estás?

el apago el cigarro contra el húmedo pasto, verde, (vencido) de la plaza. y respondió:
no sé, pero lo único que sé, es que estoy en el lugar que quiero estar.

Ella lo beso directamente en la boca, él también

Ella desato su pelo (piruetas como un denso circo, con leones viejos y hombres torpes) y coloco la colita en la muñeca del brazo izquierdo de él.

Él tenia una cintita roja, lo había sacado del paquete de galletitas, también lo coloco en la muñeca del brazo izquierdo de ella.

Se besaron un largo tiempo,
el sol se escondió en la línea delgada de la vista

¿Qué es en realidad un hombre besando a una mujer?


un pájaro gris posado sobre el faro

sábado, 8 de agosto de 2009

Yonqui



Solía pincharme cada 30 minutos o cuando el mono me prepaga por la columna. Luego de ese acto me amor me tire en el piso y sentí fluidos irregulares pasando por la vena muerta del brazo. Era tanta la desesperación que podía tocarme la carne con mis dedos.
Mi cara recaía como una colisión entre planetas. Se derretía como lava cayendo hacia la boca negra y con llagar rosadas de Jesucristo.
Los brazos se deformaban en mutaciones raras y perversas. Mi suspiros se aceleraban, una gota caía en mis labios azules.
Destinas especies aparecían en mis brazos, una figura negra y repulsiva iba tomando forma.
Cabeza negra con dos ojo rojos como rubíes, un cuerpo duro y con pequeños pelos marrones, millones de patas peludas, una boca con dientes rabiosos.
Lengua pervertida trascurriendo saliva negra con un hedor enfermizo. Eran dos largos ciempiés.
Me vi prisionero de fantasmas volando por cada rincón de mi habitación esperando que alguno de nosotros cayera,
buitres revoloteaban bajo el sol radiante y ruidoso, buscando carne viva y letárgica.
Solitario como cucarachas en bolsas de basura comiendo mierda como algunos especies con pantalones.
Veía como se llenaba de agujeros oscuros tragándose todo lo que quedaba en mi alrededor.
Los bichos que tenían como brazos empezaron a reaccionar devorándose uno al otro.
El bicho izquierdo tenia mas audacia, era mas sanguinario y violento,
la derecha cae destripada goteando un liquido parecido al pus.
Trato de tomarlo como una reacción alérgica, pero...
-Acá sobrevive el mas fuerte- Me dijo mi brazo izquierda.
Un pequeño momento de lucidez reacciona, ya era tarde y tenia que encontrarme
con Lucy en algún antro para discutir algunos asuntos.
-Estarás mejor conmigo- me dijo el ciempiés. Miro hacia una jeringa que estaba en la mesa.
-Viólame-. me dijo con voz impiadosa.
Queme el eucodal, lo llene en la jeringa, introduje la aguja en un orificio del espectro y saque una pequeña línea negra
y me lo inyecte. Ya era instintivo, los movimientos eran voluntarios.
Con vos baja y muerta le pregunte:
-¿Quién sos?
-Podría llamarse...tu alma...por lo visto no me creerás-.
-La puta madre, no estoy para hablar con "mi alma"-. Esta confusión me esta matando.
Me prendí un cigarro y le dije:
-Me tengo que ir-.
-Acompáñame y te dejare solo- Repetía, dejando un manto de eco surrealista.
Agarre un pulóver, empezaba a moverse, como tratando de respirar, el frío siempre complica las cosas.
Intente ponerlo, la tela picaba, me dejaba pinchazos como la de una abeja. Todo se volvió oscuro.
Mi mano derecha, toda destripada, colgaba del orificio del pulóver donde debería ir la cabeza. MI brazo
izquierdo quedo libre y mi cabeza en la manga izquierda. Todo es desesperación. Escuchaba los insignificantes
ruidos de las ratas en mis pies.
-Es ahora donde podrás pensar-. Me dijo el insecto.
No hice nada...¿Habrá colores, personas, universo o solo materia gelatinosa y jugosa en nuestras cabezas?
¿Pequeños mundos jalando una realidad repulsiva y deprimente. Se reflejara un mundo perfecto en la mierda donde vivimos o solo un conjunto de singularidades?
No dije nada mas, no porque no sabia de decir sino que mi lengua se paralizo. Mis dientes se tornaron muros
de concreto reteniendo cualquier palabras posibles.
Todo era desagradable. Mi mano izquierda sacaba unos tentáculos y empezaba a succionar mis fluidos del cuerpo, mientras
habla de inmensurables relaciones entre un ciempiés y un fantasma. En la oscuridad de mis ojos, imágenes vacías colgaban
en árboles de naranjas. Bordeado por fetos bailando a su alrededor. Unos ojos me miraban a través del reflejo de mi mirada.
un ente oscuro y escamoso susurraba en mis espalda con ansias de desatar algún siniestro en el medio del océano.
Verde, brilloso y fresco. palmeras por acá, jeringas por allá. Peces pescando humanos en la playa honda. Ratas jugando al voley, Yonquies devorando los sueños. Bajo el cielo topado por millones cucarachas volando. Dos niñas construyendo
un castillo de arena, arena muy fina y perfectamente húmeda, sonriendo y dilatando la brisa de la playa. Un monte de agua
se arrimo por el alba destruyendo estrellas y noches. El castillo paso a ser arena mojada y espuma, las niñas deformaron
en masas de carne bailando y saltando con los peces. No faltaba mucho para que llegara a mis ojos. Como una
gran empresa destruyendo todo. Sentí el ciempiés estirándose y convulsionando, me dijo:
-¿Estas listo?-
Fluidos celestes destrozaban mi cuerpo, reaccione con cerrar los ojos.
Asome la mirada hacia el abismo y una voz dulce y peculiar se aproxima en mi mente:
-Llegas media hora tarde-.

jueves, 6 de agosto de 2009

Pastillas*

Paso la noche.
Al día siguiente se levanto temprano, me toco el hombre y extendió el brazo hacia donde me encontraba tirado, abrió sus dedos, anteriormente hizo un pequeño ruido con una bolsa, abrió sus dedos, en su palma tenia dos pastillas.
-Cuidado con esto-. Me dijo. Anteriormente le pedí un par de pastillas, pero no imagine que me las daría.
-¿Te acordaste?-. Le sonreí gentilmente
-No sé, ¿Porque me pasa esto a mi?
-Lo siente.
Me acuerdo de su rostro, no llevaba nada adentro, como si en su adentro es oscuridad y ecos malignos. Tenia la mirada perdida en aquellos ecos que solo él escucha. Se rasco en su brazo derecho, donde, hace cuatro meses se había cortado en su casa, mientras su padre dormía arropado con sus miserias.

*Dedicado a Gabriel que mira desde el sur

Habitación



Las botellas hacian mas ruido, al caerse, que nuestras propias bocas aullando entre los espejos de la habitación.
Desde la ventana, fumaba su pipa, creando burbujas marinas, con tulipanes en su reflejo.
Explotaban al tocar aquellos labios palidos, parecia un dejavu, pero en realidad no lo era.

martes, 4 de agosto de 2009

Cáncer

Me sentí estúpidamente enfermo, adelante de una maquina escribiendo una respuesta a una pregunta que no logro recordar. Intente fijar la hora en aquel reloj blanco, perfectamente redondo, pero estaba ligeramente rajado, marca las 4.25 de la madrugada (siempre son las 4.25 de la madrugada). Termine de escribir aquella respuesta, me costo levantarme, sentí el cansancio absoluto de mi cuerpo. Las sillas, la mesa, la puerta y la oscuridad se mezclaron en un impaciente vacío. Caí duramente al piso de madera, empecé como a levitar a unos pocos centímetros del suelo, aquel cuerpo (mi cuerpo) yacía horizontal. Percibí el temor en mi espalda, misteriosamente me hundí en el suelo, verdaderamente quise llorar, pero una parte de mi lo impedía. Intente gritar, pero como en todas las pesadillas esos gritos eran inexistentes. En vez de producir algún ruido, de mi boca salían pequeños conejos enfermizos, con los orbitas de los ojos desorientados, las pequeñas narices rosadas y los dientes pálidamente blancos. La tenua luz de la maquina refleja el sutil techo que se aleja en cada intento de grito, me sentí estúpidamente enfermo. Me hundía mas y mas, pero físicamente estaba en la misma posición en aquel mugriento piso de madera de la casa. Sin esperarlo, tampoco, sin intentarlo me levante, como si nada hubiera pasado. Físicamente ese suceso era inexplicable y poco razonable. ¿Quien dice que es razonable o no? Volaba de fiebre. Aquellos vacíos han desaparecido, se habían quebrado cuando intentaba gritar en el suelo. Los pequeños conejos se refugiaron en las pequeñas fisuras que sobresalían de mis venas.
Salí al patio, seguramente para buscar agua para tomar, o para mojarme la nuca, pero no, me detuve a mirar hacia la penumbra del cielo. Como siempre esta la luna, tan cerca de la palma de la mano. El toldo cortaba en tajos la cara de la luna, igual seguía iluminando. Me dirigí hacia la habitación de mis padres, para preguntarle donde están las pastillas que me ayudarían a bajar la espantosa fiebre. Me sentí estúpidamente enfermo. Dos bultos inmóviles tapados con una frazada hasta la cabeza, (boca abajo) se les veía los pocos pelos que salían de las sabanas y la almohada. Les toque la espalda, ligeramente, oí el opaco chillido de los conejos en la oscuridad, los mire, sus ojos brillaban con un color extremadamente rojizos. Golpee el suelo con el piel, se asustaron y regresaron en el abismo que salía de mi brazo izquierdo. Voltee de nuevo hacia mis padres, pero la cama y ellos no estaban, solo mas madera podrida. Sentí una especie de percepción absoluta, los objetos se hundía en su propia proporción. Parpadee, sentí mi parpados quemarse con mi temperatura corporal. Desde afuera se podía escuchar el retroceso de una ola. Salí al patio de nuevo, el lugar se volvía a vaciar, se mezclaban y mutaban, desaforadamente. Caí lentamente al suelo, otra vez trate de gritar, no salio ningún sonido, tampoco conejos. Me hundí en el ligersico suelo de piedra caliza del patio. En la penumbra del cielo vi un objeto metálico, la luna lo iluminaba vagamente. Era de un color ceniza, mas bien negro. De su frente destellaba el color azulesco del mar que se acercaba furiosamente por las calles bajas de la cuidad. En su contorno desprende un verde fosforescente, se movía con gracia, se balanceaba como un murciélago. Me ahogue en su presencia. Tenia los labios con sabor a sal vieja por la densa espuma del mar, entre las profundidades, la luna no ilumina como noche anteriores. Recordé aquella pregunta de minutos antes, miro de nuevo el reloj ligeramente tajado, me sentí estúpidamente enfermo.

lunes, 3 de agosto de 2009

Llora cuando descances

Escucho el relajante sonido del mar, tal como una noche desquiciada. El viento levanta grandes olas que rompen en la próxima arena en millones de cristales
-Vení para acá, Fran, mira mi castillo!-. grito Flor en lo profundo de la playa, Mi mano automáticamente soltó el caracol que había recogido a escasos metros, se hundió en la pulsante arena, la agarre nuevamente y la tire al mar, adonde el sol ilumina ferozmente. Corrí hacia ella, los dorsos desnudos, el sol y la inmensidad del mar vacío mis vista, borrándola estúpidamente de mis ojos.
-Fran!...acá!-. Estaba parada, levantando los brazos con el pelo suelto. no arranque la mirada de ella.
-¿Que paso?-. Pregunte
-¿Con que?
-Tenes mas pecas-. No paraba de reírme
-Cállate pelotudo-. Se río en lo profundo del alma. -Mira el castillo que hice, si hacen una competencia de castillos de arena, seguro que lo gano-. Dijo con los ojos semi abierto por la profundidad de la luz amarillenta.
Siguió hablando:
-Hay que hacerlo mas grande para que los cangrejos vivan mas cómodos, hasta que una ola oscura se lo lleve todo de nuevo al océano.
"En la noche cuando la luna es reflejada en la superficie marina, en la noche cuando lloras antes de dormir, en la noche cuando el todo y cada uno de ello vuelve al océano, en la noche cuando lloras entes de dormir" pensé, pero en cada rose que aparenta ser intencional, en cada roses de sus dedos con mis dedos al poner los caracoles en la arena, repentinamente, lo olvido.