"Simplemente, no sobrestimar lo que he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero escribir". Franz Kafka.
miércoles, 26 de enero de 2011
Vida despues de la muerte
Esperaba mi muerte en una llanura de algodón oscuro por la noche negra, el crepúsculo grisáceo se había escondido en las sierras, en la lejanía del horizonte donde las estrellas arden. Me había ido del pueblo donde nací, en donde encontraba que realmente no era para mi y los chacales merodean en las altas horas de la madrugada, donde salía a emborracharme tendido en los pastizales verdosos por el cielo. Me fui de un punto desconocido hacia, también, otro punto desconocido. Esperaba el fantasmal proceso de una melancolía oxidada, que susurra tristes melodías en Si mayor, ya con la carga de una desesperante vida deshecha en un camino de árboles torcidos y de lluvia de rayos destellando en lo profundo y podrido de mi ser. Me tiro por ultima vez en el pasto a ver el transcurro infinito de los pensamiento y espero a que mi aburrimiento crezca y termine de desaparecer tal como la noche en un amanecer silencioso y hipnótico. Aparecía mi último recuerdo, ultima sensación de bienestar. Triste recordar la tristeza del amor y la aceptación del otro y quizás, de uno mismo. Pasamos de ser como somos, sin la presencia de una mascara. Pero luego qué, cuando nos encontramos en una habitación oscura, bailando del frió, odiándonos en repudio secreto, el brillo se había apagado, en la primera fila, no sabemos como declarar culpable al responsable, pero no lo dijimos y tratamos de hacer cosas y decir algunas palabras para terminar de matrnos lentamente, desapareciendo en un manto de penumbra murmurándome “me das asco”, saliendo cada uno en una puerta diferente mientras la lluvia moja mis hombros y los charcos mis zapatos rotos, deje de recordar. Me acercaba a mi muerte silenciosa, en un yuyo al lado de un arroyito una voz emerge desde el punto desconocido donde intentaba llegar, una voz estridente desesperada se acerco a mis oídos, no entendía lo que decía, pero su voz era bella y somnolienta. Levante la cabeza en el viento del campo y mire al mí alrededor. Ella estaba ahí, levitando de la tierra, con una luz procedente de sus ojos que podía iluminar el cielo oscuro si quisiese. Tenia puesto un vestido hasta por debajo de las rodillas, blanco con rayas interminables negras, con zapatos rojos que calzaban como un cisne despegando sus alas al ras del arroyito (auto censura, mierda) Se acerco como la muerte misma me espera en un bar oscuro y lúgubre, cayendo constantemente el cielo raso en una lluvia de fuego. Me acaricia la cara, los labios, los parpados, abrió mucho mis ojos. Yo no soportaba de no estar de rojo, o algo parecido en el cuerpo solo nomás, una remera sucia por el vino y pantalones rotos, harapiento y con las manos vencidos. Ella sabia que no soportaba la apacibilidad de sus zapatos rojos, así que me agarro de la mano y caminamos delante de los sueños de una vida ilusoria que se apagaría tarde o temprano. Llegamos a un acantilado, no habíamos hablado en absoluto, solo era cuestión de mirarnos. Me sentía tremendamente triste de mi aspecto gris y sin vida aparente, ¿nada? Me tiro de la cima del acantilado, como un cuerpo letárgico caía golpeando la pared del gran tótem, en el transcurso de mi caía las piedras filosas me habían producido cortes en el cuerpo y empecé a sangrar. Termino tendido en una playa brillante casi en la orilla del mar. El sol de la mañana ilumino mis heridas, y algo de tristeza se había perdido en la sangre que se mezclaba con la espuma del mar. Permanecía boca arriba con el pelo mojado por las olas que rompían en mis pesadillas. Ella estaba ahí, como la vida y la muerte delante de los ojos, yacía desnuda, todavía tenía puesto los zapatos de taco alto que aparentaba ser soles en su mayor expresión en un mediodía calurosa. Su cuerpo era blanco sus pechos era firmes y su cintura parecía mezclarse en un viento fluvial. Su mera presencia me había excitado de una forma espectral. Ella vino hacia mí y se sentó arriba mío, se coloco en forma delicada y empezó a moverse. Gemía como un gato ronronea, la sangre se coagulaba en sus zapatos y corales de peces se pegaron en la suela de su zapato izquierdo. Las sombras de los dos mentían en todo momento porque no era mas que una luz destellante preveniente de sus ojos que acariciaba mi muerte. En una sincronización perfecta acabamos los dos, el sol orgásmico se tutelo en un mar enorme. Ella se levanto, algo de semen bajo por sus rodillas y sonrió al ver las gotitas transparente en la arena y desapareció cuando el sol tibio se poso en el centro del cielo y cerré los ojos. Todavía esperaba mi muerte silenciosa y profunda, la sangre se coagulo en todo mi cuerpo, espero y espero hasta que algo me alentara, estaba entre dos puntos desconocidos y no me importaba, realmente no me importa.
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