miércoles, 26 de enero de 2011

Una tarde antigua

Ví la luz entre las cortinas rojas de seda muy gruesa, el parpadea del viento en sus fibras y diminutos rayos de sol en su tejido. Es un momento de confusión solar y las gotas de agua brillando en el aire celeste, no puedo relacionar la palabra “capricornio” en esta realidad, no le encontraba sentido sus constelaciones y de sus millones de estrellas que arden en el universo. Repetía “capricornio, capricornio, capricornio” y nada venia a mi cabeza, en un profundo conciente irreal sabia el significado simbólico del Capricornio, luego de pregunte al buen Germán mientras corríamos espavoridos por el viejo que salio furioso con una Máuser recortado en el circo divino de plaza España.
Me consumía de cólera en esa cama oscura bajo el crepúsculo espectral mirando ese paredón que daba al patio, era enorme, ladrillos expuestos al atardecer. De sus roturas y fisuras aparentaban una escena en cámara lenta sobre una de pelea de toros en su peor estado, moribundos y con piquetes en la espalda, sangre brillante entre las costillas expuesta al crepúsculo púrpura. La luna trasforma la noche sin hacer ruido alguno, nubes tristes merodea el cielo eterno y puro, ¿Qué sabrá dios de nosotros?

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