Primavera. Sonó desde aquella vieja radio, debajo de algunos paquetes de cigarrillos y de ceniceros hechos de tiza, las oxidadas bicicletas y del otro lado una puerta blanca dando a un paisaje destruido, jamás visto, donde dormían las almas de las palomas. Las gotas del desagüe golpean con el cordón de la vereda, rugiendo en espasmos a los gatos que buscaban caminar las calles en los tejados de las casas bajas. Uno salió por debajo del vidrio, entre la mesa y el patio, tenia un traje marrón claro con zapatos estridentes, de color negro brilloso. Se quedaba mirando un pedazo de cielo de color sumamente negro, con unos cuantos puntitos, la luna no la veía, el edificio verde del frente lo tapa. Tenia una copa, se acercaron otros dos gatos mas, también con ropa majestuosa. Uno tiene una copa con vino, el otro guardaba sus manos en los bolsillos. Los tres gatos tienen las patas sucias, aunque no se vea, uno lo puede percibir. Si uno puede tratar de ayudar a otras personas por medio de sus sentimientos porque no se puede ver las patas mugrientas de esos gatos aunque lo tape sus zapatos, brillando en la suciedad. Se les ven los billetes flotando en su retina, saliendo por sus bolsillos, por sus orificios táctiles. Una mujer esbelta, blanca, con pelo negro y cara de ángel raptado, sirve una copa al gato que permanece con las manos en los bolsillos, en su espalda, por la cintura, un bulto empieza a moverse, saca su cola, mide unos 50 centímetros, agarro la copa por la línea de vidrio que une la campana y el apoyo, lo toma de un sorbo, lo devolvió a la mujer, Adentro de la casa se escucha los niños jugar, reír, llorar, suplicar, ronronear, lamerse los pelos caídos por la edad, por la enfermedad. No se los ve, pero parece que están en una especie de orgía gatuna, con sus misterios, agarrado ante sus ojos verdes, sus plumas entre los dientes. Los tres gatos siguen charlando, en el patio, charlan sobre sus autos, sus millones de acciones, sus círculos empresariales, sobre sus fabricas de ilusiones, de sus esclavos que limpian sus zapatos, de como limpia el culo de sus hijos con sus manos, mientras estos saborea sus dólares con sus narices recién operadas. Un virus les recorre la cara, como la leche, delfines saltando en círculos en llamas, bailando como momias, esqueletos suizos con carteles de la tercera guerra mundial sostenido con dedos en maquinas negras, creadores de productos sin finalizar, con carne negra y circuitos vencidos. Una paloma vuela sobre sus pequeñas cabezas, sostiene algo en su patas enredadas, lo suelta y cae como una pluma en un ambiente sin viento, mientras cae su sombra devora algunas estrellas, deben ser algo muy importante para poder hacer eso, algunos se les resbala de las manos, que penas por ellos, pero otros los toma desde sus ojos, saborea su alma y se tiñe en sus cuerpos en la sedosa cama, siendo místicamente uno solo, aunque el sol destelle con sus dos caras y se hunda en sus cuerpos, en sus sustancias activas, igualmente como algunas estrellas. Cayo en la tierra, en el césped verde, Unos de los gatos se acerca, saca sus manos de los bolsillos y lo agarra, lo mira, no puede reconocer que mierda sostiene en su mano, ni la mugre verde puede sostener ese objeto. Retraído, maravilloso, gracioso. El objeto va cayendo, traspasa líquidamente la mano del gato, cae al suelo por segunda vez, en forma de gotas, como un lápiz labial color frutilla, se hunde en el césped, se ahoga en la tierra. El gato recuerda los pactos con el diablo, fueron varios, pero ni el mismo Lucifer puede vencer el ingenio del gato, ni ganar las vanidades del gato. Sus garras son firmes para sostener el suelo, el gato le regalo trece empresas a Lucifer, para que se ate las manos y cierre la boca con ganchos, polvoriento como la leucemia. La ultima gota se disuelve en la tierra, el gato se para, vuelve a poner las manos en los bolsillos pero la retira rápidamente, saca un papel metálico, con unas de sus uñas hueca toma un poco de polvo blanco que contiene el papel. Lo lame, lo pasa por sus encías oscuras: "Fino papel picado" exclama el gato con una gran sonrisa, vuelve con los otros dos gatos, les muestra el fino papel picado, otra vez aparece la mujer con piel blanca, trae un recipiente liso, como el agua, vuelca el papel fino en el recipiente, la mujer con un cartón dorado empieza a cortar, hace dos largas líneas, uno de los gatos sostiene la recipiente, otro saca un billete de 100 dólares, lo enrolla se lo pasa a la mujer. La mujer pone un extremo del billete en un orificio de su nariz, con un dedo tapa el otro orificio, succiona como una aspiradora vieja, tan vieja que el polvo sale por los poros de la piel. Hace lo mismo con el otro orificio de la nariz, "sniff, sniff, sniff" sonríe, sus dientes sos blancos, transparente. Toma el recipiente y se retira, los gatos siguen hablando, retorciéndose en espasmos neurológicos, grave, volcando sus bebidas al suelo, pequeñas gotas, hundiéndose en la tierra como todos los objeto caído del cielo.
-¿Primavera?-. Se saborea con la visión, definitivamente somos hecho de barro.
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