viernes, 18 de septiembre de 2009

Sunday Morning

Los gatos corrían en la terraza, arriba de mi rostro destruido, el delicado ruido se torna insoportable, inhumano, diría como una de las mejores torturas sin producir sangre.
Trate de levantarme de la ruidosa cama, pero el dolor de cabeza, las vagas alucinaciones por la intensa fiebre me aplastaba en un ritmo inútil, vegetal. El techo se hundía en un punto color espejo, en espiral en forma de un gran reloj de metal, como los viejos relojes del 1900. No había nadie, el perro se rascaba frenéticamente debajo de la cama, reproducía una especie de gemidos de dolor, pero se sostenía en la visión del placer, me miro bajar de la cama, movió pálidamente la cola, luego volvió a la oscuridad del piso de madera, debajo de la cama. Odio este lugar, odio el lugar donde, en segundos, tengo que ir. Prendí un cigarro en el patio, me ahogaba en el humo gris del cigarro en el cenicero, pero igual ahogo aquel humo en mi dos pulmones, nuestro dos corazones. Fui al baño para bañarme, deje caer millones de gotas en el mármol transparente de la ducha, el denso vapor tapo el espejo y mi vista. Mi cuerpo caía como un rompecabezas en la lluvia, abrí el agua fría, o sino tendría que conseguir mas toallas para secar el cerebro cuando se derritiese y saliera de mis orejas.
Me prepare un té, de eso baratos que tiene sabor a cartón viejo, lo acompañe con unas galletitas, no puede terminar el té ni las galletitas. Era tarde tenia que salir, ¿Adonde?...no tiene sentido, un domingo al mediodía, tome el colectivo en la esquina, viaje todo el trayecto parado, el sol carcomía mi rostro destruido, me daba un intenso dolor de cabeza, creo que lo dije murmurando: "ni el sol sabe donde esta parado"

No hay comentarios:

Publicar un comentario