lunes, 23 de agosto de 2010

Muerte aparente

¿Como a esta altura, casi sin elevarse, tengo a alguien apuntando un revolver en la sien?

-Mira hija de puta, mi cerebro estará muerto, pero mi sangre sigue trabajando, en este caso puedo gatillar sin preocuparme que grites o trates de llorar-. El peludo y enorme espécimen humano murmuro en el oído de Solange, sin producir ningún sonido dentro de su cabeza que sangra de un costado. Yacía drogada por grandes dosis de heroína cortada con plastilina. La visión le es nula, de sus aparentes ninfas sonaras una delgada línea distorsiona sus oídos. Las enormes ratas con todas sus miserias tapan los sórdidos ruidos del caos de la cuidad. El hombre gatillo, parte de su interior, de Solange salpica en el piso de un color púrpura intenso, ella cayo como un costal de papas, al su alrededor se eleva una neblina de polvo. El hombre saco una mueca de casi alucinación, desabrocho el botón del pantalón, con su mano derecha empieza a frotar el pene, que luego de que se bajara los pantalones emerge de un color oscuro, casi podrido, frenéticamente latiendo como el corazón que revivió luego de un golpe de suerte. Tal suerte la veo de lejos, en un contenedor de basura, como los niños que duermen ahí. Desayuno, almuerzo y cena para ratas.
Empieza a posicionar el letárgico cuerpo de Solange, el hombre toca sus labios azulados con los dedos, le sube el vestido y le baja la bombacha, saborea la vagina con sus dedos como si fueran lenguas de ultratumba, de su garganta larga algo de saliva en su otra mano, todavía lame con sus dedos las profundidades de un mar calmo, los barcos fantasmas se hundieron creando ahí enormes corales. Humedece el erecto pene que mira hacia el norte. Se tira arriba de, en este momento un iceberg deformado por la presión del sol. Le besa los labios como arena húmeda y rasposa, penetra con su pestilente pene en la vagina de Solange. Ella en algún punto, quizás detrás de una estrella observa el panorama en tonos grises.
El cuerpo de Solange jadea con los movimientos del hombre, la misma expresión cadavérica emerge del su rostro pálido. Algunas ratas se acercan a morder los tobillos torcidos del cuerpo ligersico. El dolor emocional paso a ser parte de las gotitas de sangre y de semen que se desprenden de la vagina azulada de Solange.
Con un espectral grito de desesperación el hombre llega al orgasmo, eyacula en todo el cuerpo de Solange, sin hacerle mover ni un mechón de pelo. Sacude las últimas gotas de semen, sube sus pantalones y se marcha, ya su sombra no presiona los labios de Solange. El tiempo se detuvo para sus palomas, el pequeño goteo de fluidos hormonales sacude el aire con tal eco perturbador para lo más bonitos sueños. Un rasgueo diminuto se escucha dentro del cuerpo de Solange, ¿han escuchado el zumbido de un escarabajo dentro de sus oídos? De todos sus orificios cantidades horribles de escarabajos salen a caminar bajo la tenue luz de la luna, ya dejaron sus huevos dentro de Solange sin fertilizar, esperan que el sol de la mañana los fertilice. Así esperaron los escarabajos, la luna tuvo la necesidad de parir al sol, la mañana llego. El sol cayo por hendiduras de yeso sobre el vencido cuerpo de Solange, abrió los ojos, se levanto de su polvorienta tumba, aplasta con una de sus manos a una cucaracha, se la guardo en el bolsillo, ahí el viento sopla realmente muy fuerte. Salio a la calle, no había mucha gente, entro a un bar peruano, los dioses beben atados al cuello. Pidió un tinto, sin que nadie la vea, saco la cucaracha del bolsillo, algunas patitas se hundieron en la seda del vestido, se la puso en la boca y la hundió en su contaminada garganta con un largo trago de tinto. Pago el trago y salio nuevamente a la calle, todavía las veredas están vacías. Hacia frió, pensó en que le gustaría tener un pulóver de invierno, se lamento y empezó a caminar, todavía se mira escondida detrás de una estrella, espero un rato y pudo quedarse dormida.

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