De aparentes medanos baja un camello, las dos jorobas le cuelgan como burbujas pegadas a la espuma. Yo me mantengo suspendido sobre el sol, en una silla de madera. Pense que tenia un cigarro entre los dedos pero no, sino un fantasma tratando de asustarme, pero soy astuto, lo dejo que recorra mi cuerpo, a esta distancia tengo la posibilidad de algun modo taparlo con mi sombra. El camello se posa delante de mi, jadea un poco, parece cansado, moribundo:
-Tengo la necesidad de entregarle estas pocas gotitas de agua.-
De su boca cuelga una bolsa trasparente con agua, de ahi nada un pecesito rojo.
-No necesito agua, no todabia.-, le respondi secandome la traspiracion de la frente. El camello tomo una postura algo pesimista, exigio:
-Por favor, tengo la obligacion de darle esto, solo por ser un animal de carga, "yo debo", en algun momento precisaras el aguam es insaciable el espiritu sin alimento, te torturará con pesadillas lucidas. Como el canto de las sirenas, eternamente hermosas, pero dentro te afixiarás con tanta arenas y nubes esperando llorar.-
Mire que el pecesito rojo trata de decir algo:
-No me dejen aca, yo no tengo salvacion, es pura arena calcinada por el sol, ¿acaso tengo posibilidad de sobrevivir fuera de estas pocas gotitas de agua?, los oasis se extinguieron con el ultimo respiro de las montañas de sal cayendo al mar. ¿No me ven?, ya no necesito libertad, sino algun lugar donde vivir o morir con estilo. Los gatos me comerán en el primer intento dentro de una pecera. ¿Se imaginanm un pez rojo muerto en el desierto?, sentido sin sentido, ¿es importante el otoño?.-
Mire al camallo que murmura algo asi:
-Perdon pecesito rojo, yo tan solo le tengo la obligacion de darle a este hombre estas pocas gotitas de agua, puede nadar en mis cuevas oceanicas dentro de mis jorobas.-
El pecesito rojo solto una lagrima en la bolsa trasparente de agua.
-No te procupes.-, le dije. Agarre la bolsa de los dientes del camello, hundi en agua y al pecesito rojo en lo profundo de mi garganta, senti que salpica algunas gotitas con su cola. El camello quedo uniforme, empieza a alejarse en un movimiento lento, ya casi como un cadaver, subio por el mismo medado por donde bajo, sus huellas se borraron por los vientos del sur. Tengo la garganta humeda, las manos frias y el estomago revoloteando. Pense en quedarme un rato mas. Puede ser que los oasis se hayan extinto, pero alguna lluvia sobre mi puede llegar a caer en algun momento, haciando desaparecer el ultimo rastro de barro de nuestro alrededor.
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