
Un chillido, como las de las ratas cuando bucean ligeramente entre la basura, me sostuvo los ojos para mantenerlos abiertos y sumisos en la oscuridad de la habitación. Era una de esas madrugada de primavera gris, donde las nubes opacas pintaban la imagen visual en un tétrico color gris y blanco. Sentí un impulso irresistible, todavía no había cumplido los 7 años, ese ente maravilloso llenaba mi cuerpo de una total confianza. Ella estaba justo al frente de mi cama, en la habitación continua, de su exterior expulsaba una luz que chorreaba mis débiles ojos, recuerdo sus brazos sosteniendo mas luces inextinguibles, recuerdo su cara inundada por la metálica luz que, sobre poseído, no recuerdo con claridad. Su hermoso cuerpo se mezcla con un vestido de colores similares a esa mañana, negro y blanco, tallado por alguien que nunca existió. Un hilo negro rozaba por su cálido cuello que sostenía por completo el vestido, el aparente final de la seda chocaba con agrado en sus rodillas. Mis ojos no pararon de mirarla, sus pies descalzos tocaban el suelo como lo hace una sirena en el mar, con delicadeza y serenidad. Tenia una confianza tan grande, que nunca experimente, tan claro como las luces que ella misma hacia estallar cuando pestañeaba, solo fueron tres veces, con tanta prudencia, que mis ojos vivieron una eternidad. Sentía una conexión mística, algo extraño, de otro plano de lo que llamamos realidad, donde ella creo un nuevo sol en base de su luz exterior. Intensidad, igual que dos relámpagos mudos chocasen en un mismo lugar, levante la mano para tocar su rostro, la condición de estatura había desaparecido, el tiempo se había destruido en sus segundos, y un chillido me llama desde mi cama, una colonia de alguna especie de insecto sube entre mi columna, lo siento por todo el cuerpo, desesperación, miedo, frio, tenia muchas ganas de taparme con alguna sabana, pero atrás mío no había nada mas que oscuridad, vuelvo a mirar al frente, y la luz había desaparecido, ese sol extinto, no hay nada, mas que los tétricos colores gris y blanco que inunda la habitación, algunas lagrimas salieron de mis ardientes ojos, que cayeron con gran destrucción en el suelo y en mi alma, en mi carne y todo lo que pude llegar a ser. Una mano blanca acaricia mi cabeza, con tanto amor que abrí los ojos, esos ojos veían una destrucción final de mi cuerpo, las lagrimas en los ojos y los mocos en mi nariz caían rebotando en mi cara, sus manos pasaban por mi frente y mi cabeza, secaba mis lagrimas con sus dedos dulces. Y aun lo estoy pensado, dejaré que siete letras maneje el timón de mi vida.
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