"Simplemente, no sobrestimar lo que he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero escribir". Franz Kafka.
lunes, 18 de enero de 2010
La Barrera
Donde hay una barrera, hay dos seres que tratan de mirarse, sin que tengan en cuenta las barras oxidadas que tapan los ojos. Miran al sol, acostados en el césped de la plaza. No se pueden tocar, solo utilizan la palabra para satisfacer sus declaraciones. Se entrelazan sus dedos, durante la época que la barrera se congela por el frio, se mezcla el pelo de élla con el de él. que vibran con el viento frio que mueve los pinos. Ella mira con calidez, tal como una madre mirando los pies de su hijo al caminar, como un pájaro de colores inexistentes mira la ave azul tomando agua del cántaro, que permanece roto. Ella tiene los labios pintados de rojo, él mira directamente a sus ojos marrones claro, atravesando las rejas negras de la barrera. Se torna unos minutos de silencio, un bello sonido jamás escuchado cruza por la mente de los dos. La barreta es tan alta e extensa que ni en la otra punta de la plaza se acaba, pero las personas, confundiese con el viento, la traspasan como gelatina. Ni élla, ni a él les importa mirar a las personas de su alrededor. Ella llora sus ultimas heridas, él trata de escucharla con toda la atención que un hombre pueda tener. Le acerca las heridas a los ojos de él, una gota de lápiz labial rojo se zambulle en los dedos, con la lengua la limpia, élla le pide un abrazo, él se mira los pies que se derriten por el frio, la barrera lo separa de un simple abrazo, él abraza el poste negro que une las frágiles barras oxidadas. Ella besa la mano derecha de él, marcando sus labios, se dicen cosas al oído, la barrera los escucha, se precipita a decir algo pero él larga en llanto, las lagrimas son brillantes, de una intensa felicidad que se hunde hasta los huesos, élla se ríe, muestra la gran sonrisa que a él tanto le gusta. La barrera pestañea, saborea la charla de aquellas dos personas: "¿Porque no se toman de la mano?", la suerte se duerme en espasmos, crujiendo sus carnes, postrado en las filosas puntas de la barreta. El se levanta primero, le presta la mano marcada con los labios rojos, y élla agarra con tanta fuerza, tal como cayéndose al hermoso abismo que están acostumbrados a vivir, los dos pisan el césped, se entrelazan los dedos y se alejan caminando. La barrera permanece ahí, esperando que el pájaro de colores inexistentes se precipite a volar con la ave azul, tal vez cuando este termine de tomar agua del cántaro, que permanece roto.
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"La barrera" maldita barrera!!!! kisiera leer como sigue la historia pero no hay mas guiones para seguir...el tiempo lo dira =)
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