No voy a tratar de escribir una historia real, pero hay sentimientos que me empujan a realizarlo ¿Es siniestro? Uds. lo pueden tomar como una "realidad" pero solo es un hecho aislado en muchos puntos de vista, pero este caso no lo resume como tal, sino como una ambigüedad.
Ese despertar forzado por ese ente destrozado, en un día de verano, algún día de diciembre. Desde que llego tuvo que soportar ese problema, hace 6 años. Tratamos y tratamos pero todo lo rechazaba. Ese problema "aislado" fue el de devolver todos los alimento, ósea, vomitar todo lo que ingiere. Esos segundos antes de vomitar eran eternos, esos ruidos que provenían de su estomago eran enfermizos tal como el común "crash" que hacen los autos al estrellarse. Era del mismo color, el mismo color del sonido. En sus ojos saltones y grises revelaba el dolor que sentía, su agonía fue lenta y repugnante eso me hizo sentir como el insecto mas aquejoso del mundo.
Ese día de los analizas no se hicieron esperar, fue lo menos que me imaginaba, sus riñones estaban destrozados, parecía una masa gelatinosa de un color amarillento oscuro que desprendía pedazos del mismo hacia todo el cuerpo. Ese mismo día me encontraba solo con él, no hablábamos, se escondía para que nadie lo viese, para no tratar de dar lastima, hubo un momento de "transe" y me sumergí en sus ojos y mente, sentía el dolo agudo en mi estomago, no sabia como podía aguantar tanto. Subió a la terraza, su pierna huesuda pareciese que se romperían en cualquier momento. Subí con él, se acostó en la sombra y yo estaba al lado, lo miraba y él hacia lo mismo, tiraba pequeños llantos de dolor, trate de darle agua pero lo negaba rotundamente. Se quedaba quieto varios minutos y en el momento mas preciable del paisaje me dice "Las lluvias son todas parecidas", luego de no decirme nada trato de bajar, un "tic" de dolor lo hizo caer, quedo inmóvil por unos segundo, me miro y subió sin quitarme la mirada, tomo un buen sorbo de agua y decidió bajar. Lo seguí, él sabia que donde vaya yo lo iba a seguir. Tenia muy claro su instinto. Ya en el patio se dirigió hacia abajo una de las camas, donde se tiro a descansar. Lo mire, creo que ya sabíamos los dos el final, soltó algunas palabras con esa voz nasal "somos muy extraños". Yacía inmóvil, frió. Todavía tenía los ojos abiertos, esos ojos saltones y grises. Mire el último destello de luz en sus retinas y los cerré.
Ahora, de su cuerpo nacen flores pequeñas, que en algún futuro se secaran por el sol de verano, pero volverán a nacer de nuevo en algún día de diciembre.
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