El hombre blanco mastica unos de esos caramelos baratos que contiene toxinas con sabor a cartón viejo, se miraba la palidez de sus manos huesudas, una tinta azul le recorría las venas muertas de los dedos, es sublime, una vez mas es atacado por la cucarachas.
La plaza se encuentra en paz, los vagabundos queman el pasto podrido para ahuyentar a los terribles mosquitos que esperan un pedazo de cielo azul, entre las sabanas blandas y la piel vencida de aquellas personas que aumentaron la temperatura corporal por el desliz del vino barato en sus gargantas.
-¡Oye!, tiene un cigarro, amigo?-. se aventuro un hombre con acento latinoamericano, mascaba coca, su cabeza, a pesar de la peste negra en sus labios, se apuna cada vez mas.
-Disculpa, no fumo, será la próxima-.
-Oh, que mal rollo, disculpe, pero he mentido, una vez mas-.
-¿Que quieres decir?, ¿cual es la razón de la mentira?
-Me intriga la forma triangular de su cabeza.
El hombre blanco posa sus dedos pálidos entre un pequeño cráter en su cabeza, se lame los labios
-¿Esto?
-Si
-A veces los números son números, pero también somos nosotros, un 3 puede ser nosotros dos y una mujer en cólera, angustiada. Tenia solo 9 años, estaba en esta misma plaza, ¿ve? la araña de metal en la arena, solía jugar ahí, las nubes bajaron demasiado rápido, mis ojos se tornaron como un espejo, mintieron una vez mas, como hizo recién usted, pero los ojos pueden matar. Me trepaba y bajaba, me tiraba y saltaba, en el fondo los relámpagos mudos se precipitaron entre los caras muerta de las nubes (el hombre blanco se echo a reír)-.
-¿Se encuentra bien?
-Una luz transparente, era demasiada blanca que por un momento pensé que desaparecería como la suciedad desaparece en la luz del sol, sentí esa luz en mi cuerpo, súbitamente fui parte de esa luz, por unos segundos fue parte de mi cuerpo y alma, una extensión majestuosa de luz titilante. Pude ver la perpleja cara de mi madre, entre los arboles caídos a un costado de las hamacas, me dio igual, es raro, una conexión mística entre el cielo y la tierra unidos por un rayo de luz y mis ojos quemándose como los dos corazones pudriéndose por el cáncer, fui parte de la realidad tan cruda que me importo muy poco mi futuro, y ¿sabes como se llama eso?
-Me deja sin aliento, no se, ¿como se llama?
-Una en un millón.
que mal rollo!
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