miércoles, 4 de abril de 2012

Dias distintos,

Vale aclarar la luna inundando el pasto, los residuos ha sido arrastrado por tal viento calido que sopla desde la claridad de las estrellas.
Jorge termina de apagar el cigarro en le vestido Michelle, que cuelga del banco. La seda pareció desaparecer tras una llama circular que expande el filtro del cigarro. Michelle mira como el cuerpo de Jorge suspendido en la oscuridad y la opaca luz que rechina en el aire. Jorge apoya sus ojos sobre los parpados de Michelle, ella hace lo mismo. Con un tinte pesimista espera decir algo que contraiga los parpados tal como el sol en los mediodías de verano, pero se limito diciendo.
-¿Qué haces? Podrías tener algo de consideración de no quemarme mis lindos vestidos.
De color violeta, trasluce sobre la luz de la luna que golpea un trozo de vestido que cuelga del banco, una horrible quemadura circular, color marrón ocre. El vestido le queda bien.
-Pero habría sido mejor que lo apagara en mi piel –añadió Michelle, luego de morderse los labios. Jorge desvío la mirada, luego se enfoco en sus ojos.
-¿Sabes lo que significa? –murmura Jorge en el oído. Michelle frunce las cejas.
-No sé. –murmura Michelle con los ojos cerrados.
-Me muero como miras a la luna, como con tu distante luz te llega profundo, dentro de tus ojos. Como te acomodas en el ardiente sol mientras permaneces tendido en el pasto.
Michelle había puesto sus dedos en la cara de Jorge.
-Me gustas demasiado para seguir pensando en mis pesadillas donde fingimos que los tigres nos alcanzaron. Te amo, pero no te necesito cerca de mi espíritu que cada vez se aleja cuando te veo mirándome.
Érase una historia de amor.

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