lunes, 12 de julio de 2010

La mujer que se llevo mis poemas

Obviemos los relampagos que entrecruzan el cuerpo, y de los miles de ojos mirandome al lado mio. Ese abrazo entre el corazon y el cerebro cellaron un trato, abismando las grandes barreras de yeso elebandose sobre la luminidad del sol.
Ese constante presentimiento de desaparecer, no se remite en un sentido fisico, sino de un plano espiritual. He visto tantas cosas que no me sorprenderia si tuvieramos un alma, o si solo será algunos de esos gramos que perdemos al morir. El mundo que cree al cambiar las hojas del libro que reflejaron palidamente mis ojos. Ese segundo eterno, casi inexistente que hace que los sueños se rompan como un candeladro del cristal opaco por la suciedad.
Con el trascurso del tiempo, la noche que se va con el dia, estoy dispuesto a crear mi alma. Eternamente vagando por ningun lugar, nuestras almas se parecen, y son las mismas que aparecen en los sueños, despertandome diciendo tu nombre, de nuevo.
Destruir el dique que hace que el agua se estanque y se pudra, para que fluya, esta vez sin esconder nada.
Tambien consideré, tan solo dos grandes manchones de niebla que se entrecruzan, mientras que los gatos asoman su osico por la ventana, que da la cara al invierno, que hasta ahora no me han dejado dormir. Recuerdo esos dias cerca del mar y de las ranmas quemadas, quizas una palabra o un beso para que pueda diferenciar los sueños de la realidad.

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