martes, 14 de abril de 2009

Una historia de amor

No pude resistir esos cuerpos hundiéndose en lo profundo de la sedosa cama, manchada con sangre y otros fluidos humanos. Esos especimenes curvados, sucios como la miel, pudriéndose en una única masa uniforme. Me acuerdo de cantaros de agua cristalinas desembocando en un aparente final del colchón. Un abismo de cuevas oscuras rellenas de ecos mudos de los gemidos nauseabundos y ausentes en campos de residuos hormonales e industrial. Ella me pregunto: "¿queres una galletita?", le respondí que no y seguí caminado, dejándola atrás, muy bien acompañada. Al saltar en la esquina me sumergí en su espalda, entre sus hijos hermosamente mutilados. Todavía no se había desabrochado su vestido verde con flores, que anteriormente estallaban en luces de neon. Me toco las yemas de los dedos, retrocedí dos pasos. Se hundió de nuevo en mi, desatando una ira insoportable, ¿Porquè no me besas?, no recuerdo quien pregunto, pero una inconfundible voz respondió: "estoy trabajando". Mi estadía en la pradera fue muy incierta e irritante. Un intenso dolor se registro en mi nuca, agache la cabeza y mi instinto agito mi brazo hacia mi craneo. Una especie de ave rapaz alzo altura y volvía hacia mi nuca, otra vez di el manotazo, el ave cayo. Un instante en negro y un sonido espantoso subió desde mi pierna, el ave movía sus alas pálidamente y la luz de la luna refleja en un color claro la marca de heroína pura que besa los restos de las ruinas antepasadas.

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