viernes, 10 de abril de 2009

Mañana

-Ven acá Diana, quitate la ropa, creo que vos podes alcanzar el mundo de nuestro Dios- dijo Ana, que perturba a las cuervos del Edén, desnuda, acostada en una cama de mármol y seda. La opaca lampara que cuelga de dos cables negro, destella en las paredes lejanas, alumbrando algunas hojas de la biblia.
-Eres muy real para dejarte caer en los pies de tu Dios, que tanto alabas- sugirió Ana, su cuerpo se mezcla con la cama. Sus pechos caen en el cristal confundiendo el contorno de si misma. En su dedos sostenía un pedazo de madera, tallada perfectamente a mano. Los dibujos en la madera eran inexistente. Habían piruetas, signos y un hombre con cabeza de cerdo clavado en una cruz. Con movimientos dulces lo pasa por
sus labios, cuello y senos. Diana se desviste lentamente; su mirada no encuentra
rumbo, esta inmersa en su lucidez apoderada por un Dios que solo es sonoridad. Luego de algunos minutos de gemidos por parte de Ana, empezó a hablar nuevamente con Diana:
¿Crees que estas protegida por ese Dios impotente, condenado a tres clavos oxidados?. Nuestro Dios es ciego, mudo, sordo, no tiene ser para que no dudes de su presencia. No seras como esas monja, encerradas eternamente en su paraíso consumido en llamas. No veras la sombra de tu cuerpo, tampoco correrás por el estridente pasillo para tratar de masturbarte en la oscuridad, detrás de las jaulas donde se encuentra hombres y mujeres enfermos, pudriéndose, con moscas volando en sus bocas infectadas.- Diana no respondió. Una delgada linea de luz se asomo por una ventana rectangular en el fondo de la habitación. "Debe ser mediodía" pensó Diana
-¡Espera!- grito Ana, -No te saques la camisa, no queremos que te resfríes, no todavia. Acercate un minuto.-
A Diana solo le quedaba una camisa rosada, que le cubría desde el dorso hasta los muslos. Movía sus piernas lentamente. fijando sus ojos en los de Ana. Se acerco al costado de la cama.
-Eres perfecta para el sacrificio-acoto Ana mientras le pasaba la madera suavemente por el medio de las piernas, Diana gemía cada vez mas intensamente, la madera se ahoga en la vagina.
-¡Tienes que sentirlo!- grito Ana, hundiendo la madera cada vez mas. Diana permanecia parada con las piernas abiertas, sus gemidos se extiendo a lo largo de su pelo castaño. Posee un tono de satisfaccion, pero a la vez de dolor y tristeza. El proceso llega a un punto de perversiòn total que Ana decide sacar la madera de la vagina. Diana cae y empieza a vomitar. Su visión es nula, sus ojos se cristalizaron por
las lágrimas amargas. De su boca sale un liquido denso de un color marrón claro y algunos bultos sabor miel. De repente, unos de esos bultos empieza a moverse, jadea un poco y se rompe, como un cascaron. Una mariposa arco-iris salta a un costado de vomito. Diana mira petrificada, Ana se levanta de la cama y se aleja hacia una de las esquinas del cuarto, donde no llega la luz, se arrodilla y trata de leer algunos
pasajes de la biblia que cuelga sus hojas en las paredes. La mariposa desprende sus alas, parecen dos ojos de algún felino. Con un empujón empieza a volar, sobre vuela toda mirada, hacia el espejismo del techo. dejando atrás las profundidades de Diana. La luna cae por la ventana, oscureciendo las alas de la mariposa, oscureciendo las pupilas de Diana.

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