miércoles, 27 de enero de 2010



¿Quien fue el idiota que se le ocurrio crear el tiempo?
Perfume mistico.
Las ratas revoloteando en el estomago,
el dibujo invisible pero real en el pálido suelo,
y las señas de sus manos, que nunca olvidaré.

martes, 26 de enero de 2010

Saber

Ayer tosi sangre, duro algunos minutos, los pulmones se contraian
deberia saber dejar las cosas que ya estoy acostumbrado,
Esa noche el gato tambien escupio sangre, en realidad vomito sangre
con comida y pelos.
Por esas horas oscuras he visto estrellas que nunca estan, y nunca
estaran, y los dos bolas grises que flotan en el cielo eran mentira,
la mente permanece con agujeros en su interior, nos juega sucio,
pero no es mas que nosotros tratando de explicar algo que nunca
sabremos, ni las constelaciones en nuestro abismo.
Recien me levante y tosi de nuevo sangre, luego la desesperacion
me cayo con mas ruido, busque un cigarro y lo prendi, su humo me
alivio los pulmones que se contraen en espasmos. La hoja y el lapiz
estan vencidos, ya no tengo ideas en la cabeza para seguir escribiendo
y es todo eso que deben saber, solo creia que lo deberian saber, mierda!

sábado, 23 de enero de 2010

Error*

y ahora que estoy sentado aca puedo recordar,
las colas de las ratas en los paredes,
los bichos bolita en la pared rota del patio
el agua que brilla desde lo profundo de su garganta

¿y ahora que?, botellas rotas en el piso
paquetes de cigarrillos aplastados por los dedos
de dios, por el pene desforme de algun hombre desforme
quemaduras en la piel, rasguños de luna y hojas en filo
sinietro el rostro del infierno, las manos de algo que
todos en algun momento le tienen miedo, un error que hemos
creado nosotros, hemos creado este mundo, con tanta oscuridad
y tanta relampagos mudos. La soledad que llamamos constantemente
ese frio que resbala en la espalda, los dedos caidos desde el cielo
en mi garganta, ese sol que aparece mientras miro en el suelo
he construido esta tumba, no para morirme, sino para seguir viviendo
en ella, en esa permanente tierra vieja y todos lo hemos creado en base
de un error, el error que dibujamos y pintamos con los ojos cerrados
un error tan hermoso que sonrie con los dientes podridos, tan bello
como el sol, que veo mientras mis dedos saborean mi garganta, y el vino
y toda esa mierda.

Y aun recuerdo mientra corria por la plaza, de la mano con alguien que
ya no esta, recuerdo, para no recordar, el agua brillante en su garganta
gritando, sonriendo, tirandose en el cesped, buscando otra estrella que se
mueva, y esa brillante agua en lo profundo de su garganta.

*Escrito el dia 10-01-10

viernes, 22 de enero de 2010

Acto creativo (Charles Bukowski)

Por el huevo roto en el suelo
Por el 5 de julio
Por el pez en la pecera
Por el viejo de la habitación nº 9
Por el gato sobre el muro

Por ti mismo

No por la fama
Ni por el dinero

Tienes que seguir luchando

Cuanto te haces viejo
Disminuye el atractivo

Es más fácil cuando se es joven

Cualquiera puede alcanzar
Las alturas alguna que otra vez

La clave consiste en
Resistir

Cualquier cosa que sirva
Para que

Esta vida siga bailando
Frente a
Doña Muerte.

miércoles, 20 de enero de 2010

Fear



Tengo miedo de que pase algo
que gire automaticamente
la rueda.
Mi oxidado cerebro se posa
ahi mayor parte, cuando
el sol se derrita
o cuando la luna duerma
tengo miedo de que las palabras
lleguen tarde, y que todo esa
luz se extinga
quizas la encontrare
en una mañana,
debajo de la lluvia
relampagos grises
e arboles quemados
y le preguntare
a esa luz que se extingue
"ayudame a buscar otra palabra para este poema"

martes, 19 de enero de 2010

Sin nombre

¿Hay que poner un nombre a los personajes en historias que nadie recuerda?, pero vale aclarar el nombre de ella, Verónica, que nunca dice una palabra, ya que solo son letras.
Esa mañana radiaba un sol horrible, la temperatura subía a los 40 grados. Los ojos del hombre se derretían en los sabanas que se consumían en llamas. Abrió los ojos, la luz de las ventanas absorbieron las piernas cortadas, fueron mutiladas por sus propias manos, pero siempre supo que fue otro ser. Golpeo la pared con el puño cerrado, salto un poco de pintura triturada y dejo la marca de los nudillos por la sangre. De su garganta surgió un vulgar sabor a vomito, se precipito de saltar de la cama e ir al baño, pero no llego, vomito en la habitación que rara vez dormía. El gato negro echo un vistazo al vomito, se acerco y robo un pequeño bulto de comida de la noche anterior, se escondió en unos de los rincones oscuros y se lo devoro, el hombre echo a reír y luego lloro unas horas. El sol bajo un poco y se poso en las flores marchitas que mueren en lo alto de la habitación, el hombre lavo las ultimas lagrimas y decidió a limpiar toda la habitación. Primero el vomito, luego el baño, la cocina y el comedor, puso a lavar ropa y la colgó en la terraza a secar. Busco unos pesos, la llave y salió a la calle, no saludo a nadie ni miro a nadie, subió unas cuadras hasta una florería, compro unos jazmines y malvones, dejo la plata en el mostrador y se fue. Volvió a su casa y las planto, tiro las flores viejas y puso las nuevas. Siguió limpiando la casa, el sol seguía bajando hasta posarse en los pétalos caídos de las plantas marchitas que hace minutos había tirado. Se fue a bañar, se vistió con ropa deportiva, junto unas cosas en la mochila, antes de irse, arranco un pedazo de papel de un cuaderno y escribió: "Verónica te amo...llamar a este numero 43626529...", se lo guardo en unos de los bolsillos y salió. El sol no picaba como antes, camino unas 40 cuadras hasta llegar a un hermoso parque; una fuente de cemento fino e agua infectada, una plaza, niños rosados jugando en la arena. Se sentó debajo de un árbol que da buena sombra y que do ahí unos minutos, no sabría decir que estaría pensando exactamente, pero su cara es semejante a un muerto, mirando el techo llenos de moscas dentro de una morgue. Saco de la mochila una soga, con un nudo redondo, esperando un cuello frágil e idiota. Se levanto y cruzo la gruesa soga en una rama resistente, una pelota le rebota en el pie, gira la cabeza y un niño de 8 años se aproxima a agarrarla, el hombre se le queda mirando y trata de sonreír, el niño agarra la pelota y se aleja unos centímetros, el niño pregunta:
-¿que hace, señor?
el hombre sube al árbol y se ata el nudo en el cuello
-es un juego que invente recién, todos ganan, tiene un principio y final. El final es muy abrupto-
El niño sonríe y hace rebotar la pelota
-¿puedo jugar?
-me temo que no, es solo para un jugador-
-esta bien, pero me deja ver como se juega-
-como no-
el hombre se abrocha el pedazo de papel en el pecho con un alfiler y luego de cerrar los ojos salta del árbol, la soga se tensa y desde su garganta larga un hilo de sangre que cae en la cara del niño. El hombre se retuerce en espasmos. El niño, en la desesperación, se endurece y empieza a gritar, tiene el ojo lleno de sangre coagulada, las personas empieza a amontonarse, un viejo tapa los ojos del niño y lo aleja del árbol. Algunos muchachos ayudan a levantar al hombre de las piernas, pero los cortes del otro ser, sacan algunas lenguas de sangre que dispara hacia las caras de los muchachos limpios. La cara del hombre se vuelve violeta, se deja de mover, sus ojos produjeron un oxidado sonido que se escucho en todo el parque. El pedazo de papel se cae por todo el fatídico movimiento del hombre, es arrastrado por el viento seco, hasta no se adonde, una mujer llama a la poli, un tumulto de personas rodean al hombre, le sacan fotos con sus precarios teléfonos celulares. Después de varios minutos llega la poli e esparce a la multitud, colocan la cinta de precaución al rededor del árbol y llaman a la ambulancia. El sol cayo por completo y la luna baja, se posa en la sangre seca que yace en la tierra. Esa noche Verónica salío con su hija al cine, luego fueron a comer a un restaurante y se fueron a dormir, la hija dibujo muchas hojas y arranco flores del patio, Verónica, mientras permanecía acostada, miraba la rama seca que se posaba en la ventana.

lunes, 18 de enero de 2010

La Barrera

Donde hay una barrera, hay dos seres que tratan de mirarse, sin que tengan en cuenta las barras oxidadas que tapan los ojos. Miran al sol, acostados en el césped de la plaza. No se pueden tocar, solo utilizan la palabra para satisfacer sus declaraciones. Se entrelazan sus dedos, durante la época que la barrera se congela por el frio, se mezcla el pelo de élla con el de él. que vibran con el viento frio que mueve los pinos. Ella mira con calidez, tal como una madre mirando los pies de su hijo al caminar, como un pájaro de colores inexistentes mira la ave azul tomando agua del cántaro, que permanece roto. Ella tiene los labios pintados de rojo, él mira directamente a sus ojos marrones claro, atravesando las rejas negras de la barrera. Se torna unos minutos de silencio, un bello sonido jamás escuchado cruza por la mente de los dos. La barreta es tan alta e extensa que ni en la otra punta de la plaza se acaba, pero las personas, confundiese con el viento, la traspasan como gelatina. Ni élla, ni a él les importa mirar a las personas de su alrededor. Ella llora sus ultimas heridas, él trata de escucharla con toda la atención que un hombre pueda tener. Le acerca las heridas a los ojos de él, una gota de lápiz labial rojo se zambulle en los dedos, con la lengua la limpia, élla le pide un abrazo, él se mira los pies que se derriten por el frio, la barrera lo separa de un simple abrazo, él abraza el poste negro que une las frágiles barras oxidadas. Ella besa la mano derecha de él, marcando sus labios, se dicen cosas al oído, la barrera los escucha, se precipita a decir algo pero él larga en llanto, las lagrimas son brillantes, de una intensa felicidad que se hunde hasta los huesos, élla se ríe, muestra la gran sonrisa que a él tanto le gusta. La barrera pestañea, saborea la charla de aquellas dos personas: "¿Porque no se toman de la mano?", la suerte se duerme en espasmos, crujiendo sus carnes, postrado en las filosas puntas de la barreta. El se levanta primero, le presta la mano marcada con los labios rojos, y élla agarra con tanta fuerza, tal como cayéndose al hermoso abismo que están acostumbrados a vivir, los dos pisan el césped, se entrelazan los dedos y se alejan caminando. La barrera permanece ahí, esperando que el pájaro de colores inexistentes se precipite a volar con la ave azul, tal vez cuando este termine de tomar agua del cántaro, que permanece roto.