
La luz se enciende y las cucarachas corren a su oscuridad.
Te estube buscando, pero solo encontre tus partes separadas por todos lados. Recuerdo encontrar tus ojos dibujados en mi espalda, pintarrajeados con el delineador de invierno. Los vi por primera vez entre las sabanas en un amanecer hipnotico y fue desde ese entonces que no los puedo borrar de mi espalda. Tus manos se elevan al sol, una noche azulada sobre mis lagrimas, sosteniendo cada gotita salada rodando en mi mejilla, el viento habia corrido tus mechones pegandose en tus labios. Tus labios los vi desvanecer en la oscuridad, semi abiertos, rojizos, tal como una frutilla viendome desde sus ramas, esperando al que los mordiera. Tus uñas en ocaciones me parecieron graciosas, dolorosas, apacibles, tiernas encrustandose en mi carne, ese ruido se producia luego, tal ruido de la carne despegandose del hueso. En una oportunidad vi tus pies en la sombra de mi entrepiernas, jugando con los castillos de arena, que no para de murmurar "llora nena, llora", y esas lagrimas volaban como burbujitas dentro del viento matinal, azulado como las montañas de sal que se inundan en el mar. Dormia sobre tu cintura durante miles de años, no deberia despertar, pero en toda pesadilla los ojos se abren en la penumbra, al encender la luz estabas despeinada con pedazos de mechones en tus labios semi abiertos al rojo blanco del ocaso, tus brazos sobre la almohada sosteniendo la oscuridad de mis ojos, y ahi estabas, hermosamente mutilada.
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