
La explosión detono cada pensamiento irracional, las ventanas del baño se rajaron vagamente, el panorama emerge en lienzos de humo. La sangre, si puede rebalsarse, inunda los azulejos. Los pedazos de su mente yacían cerca del espejo, nunca se puso a pensar si alguna vez los necesitaría. Dara vomito algo mas de vino, la carencia de sangre y parte del alma le produjo una sensación de liberación, pero con un vació al fin. Pensó, no podía dejar de pensar, un eterno paseo por la luna.
En la sala, Joel, se mantenía curvado hacia si mismo, Dara sale del baño, tiene los pies húmedos. El sillón se mantiene corrida ligeramente hacia la izquierda dando constantemente hacia la pared blanca. Entre medio, una mesita donde hay paquetes de cigarrillos vacíos, botellas de distintos colores y una venda que cuelga en su aparente final. Parece que el mundo ha desaparecido, no venia ningún caos proveniente de el. El sol no llega al balcón y las flores empezaron a marchitarse. Dara se dirige al sillón diciendo.
-tengo el cuerpo vació...Joel me pasa algo malo-. Joel se incorporo, agarro el tinto.
-oí una gran explosión en el baño, ¿qué paso?-.
-la sangre se esparció por mis ojos, luego transito por todo mi cuerpo y cayo en la rejilla del baño. Estoy súbitamente vacía y parece que me olvide de buscar mis pedazos rotos, me arrepiento pero no voy a volver a entrar a ese baño-.
-podría ir a buscarlos, pero no se si queres-.
-nunca podrías, ya que solo son mis pedazos rotos, te inundaría en desesperación y cesarías en un eterno paseo por la luna. Ya que estoy vacía puedo decir que esta conversación es sumamente efímera-. Joel se paro con indignación, algo enojado.
-¿de que hablas?, haz cambiado todo método de vida, por algo estamos donde estamos. Si fuese así, el sueño de los pájaros enfermos seria ¿volar?-.
-Siempre con ese humor Joel, ¿algún día me llevaras a conocer el cementerio y bailar algo de vals?-.
-¡Mierda Dara, te desvaneces como la niebla!-. Dara reacciona y toca sus pies, como el humo del cigarro que cuelga del cenicero, se esfuma en el aire.
-Tengo miedo Joel, ¡hace algo!-. Dara empezó a llorar, las lagrimas nunca salieron de sus ojos. No dejo de mover las piernas que desaparecen cada segundo. Joel queda petrificado, no pestañea en ningún momento.
-Voy a buscar tus pedazos rotos-. Vocifero Joel.
-¡No!, no podes entrar ahí, ¿qué haces?, vení para acá-. Desesperada grita Dara a Joel que mantiene la mano en la perilla de la puerta del baño. Las ventanas yacían pálidamente rajadas, todo permanece igual, los azulejos nadando en microbios, la tenua luz y el espejo refleja algún alter-ego.
-acá no hay nada Dara...-. Dara queda ausente, procesando los minutos que pasaron desde que salió del baño.
-¿cómo?-.
Joel parece molesto por algo, se mira al espejo. Posee un agujero en su cuerpo que traspasa por completo su torso. Pálido del miedo desliza sus dedos, su mano que traspasa su panza y espalda. Dos palos de madera en paralelo se incrusta dentro de el. Mira en el espejo el interior del agujero y la ve a Dara. No dice ninguna palabra hasta que salió del baño-
-Dara...-. Miro de reojo y luego en toda su totalidad, Dara empezó a gritar, seguía desapareciendo. Se levanto lentamente y se dirige hacia Joel en una camina espectral. Se coloca al frente y pasa su mano por el agujero.
-¿madera?-, dijo Dara.
-parece pulida por las mismas manos de dios, ¿otro vaso?-.
-por favor-.
Joel va hasta la cocina, agarra otro tinto, en el trascurso hacia el sillón sus pantalones se desprende de su aparentes piernas. Cae al suelo, la botella se estrella con el suelo. Sus piernas se redujeron en largos palos de madera. Al levantarse sus manos se resbalan, también se volvieron de algún modo en madera.
-No te preocupes Joel, yo lavo el piso. ¿tienes otro vino?-, Dara ya carecía de piernas y sus dedos cayeron.
Dara parece levitar, va a la cocina, abre la heladera y agarra otro vino. Sostiene la botella con los codos, ya que sus manos y muñecas desaparecieron. Al volver a la sala encuentra todo igual, excepto por una silla de madera que yace al lado del sillón, una camisa inundada de fluidos residuales cuelga del respaldo. Dara, casi extinta, sirve dos vasos, uno lo coloca sobre la silla, toma su vaso de tinto de un sorbo eterno. Se estira en el sillón y permanece reducida en su ausencia hasta dormirse. Una niebla gris se escapa por la ventana del balcón. Todo permanece en un rotundo silencio, el espejo del baño cae y se destroza, desprende pequeños cristales y algo de sangre que salpica en los azulejos.
La casa queda vacía, el mar crece en sus cimientos e inunda el aire. Esa noche la sala se redujo en un punto, que luego el escritor de dedos fríos borra por equivocación. ¿acaso nunca pensaron que podrían desaparecer tarde o temprano? Como nacer, pero con un tinte irónico y retorcido.